Comenzamos en 3,2,1… ¡Arranque ya!

exordio discurso

Analizada la situación y recopiladas las ideas principales, conviene ya comenzar a dar forma a un discurso. Dentro de la estructura convencional de una intervención, la retórica clásica distingue hasta seis partes: exordiumnarratio,  partitio, confirmatio, refutatio peroratio. Y hoy vamos a ocuparnos de la primera: el exordium, al que a partir de ahora llamaremos aquí “arranque”.Leer más »

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Ensaya, ensaya, ensaya, ensaya y ensaya.

¿Asustado?
¿Asustado?

Uno no sabe realmente lo que es el miedo a hablar en público hasta que lo experimenta en sus propias carnes, y la sensación es de lo más desagradable. Sobre todo porque solo vas a poder agarrarte a dos cosas: al atril y a tu discurso. Y no siempre hay atril.Leer más »

Coloquial, técnico, culto… ¿qué lenguaje es mejor utilizar?

codigo en el discurso

¿Cuántas veces en un acto público, mientras escuchabas al orador de turno, te has dicho: esto no pega ni con cola? Muchas, ¿verdad? Y es que la falta de coherencia de cualquiera de los elementos fundamentales de un acto de comunicación produce monstruos.

A veces, como en la provocación, se busca ese efecto a propósito, pero a veces es una simple falta de reflexión previa a la elaboración de un discurso/ponencia/charla, etc. Tenemos claro que en una convención de vegetarianos, por ejemplo, va a ser mejor que NO hagamos una loa del pollo asado, por mucho que nos guste, y tampoco espera nadie que un campeón deportivo declame un discurso derrotista cuando le entregan un premio.

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Y el discurso de la semana es….

discurso ganador

Esta semana ha sido especialmente prolífica en grandes intervenciones y discursos. La actualidad política catalana nos ha dejado perlas para el recuerdo, pero ha habido otras personalidades que -sin ser tan beligerantes- han realizado unas intervenciones memorables, de esas que posiblemente pasen a la historia.

Así que a partir de ahora, dado que la lectura de discursos ajenos es una gran fuente de inspiración y aprendizaje, vamos a dedicar los viernes a escoger el mejor discurso de la semana, siempre y cuando haya alguno que merezca la pena. ¿Nos ayudas?Leer más »

¿Por dónde empiezo?

Has sido invitado a decir unas palabras en un acto concreto. Ya has reflexionado sobre quién eres tú en el contexto de dicho acto, quién te va a escuchar, cuánto va a durar tu discurso (o presentación, o conferencia, o lo que sea) y ahora, emocionado/a, abres una libreta o te sientas directamente delante del ordenador y…

Una hora después sigues igual. Quizá hayas comenzado dos o tres veces, pero nada, que no arrancas. Respira y escucha: a todo el mundo le pasa. Es lo que suele llamarse el <síndrome de la hoja en blanco> y hay muchas técnicas para superarlo.Leer más »

La negación: un elemento a evitar

No, no, no, no
No, no, no, no

Es sorprendentemente común en el español el uso de la negación por sistema.  Por este motivo no es de extrañar que la mayoría de los habitantes incorporen frases negativas en sus discursos, aunque sin una intención real de negar. Y esto es solo un ejemplo.

El problema con la negación es que se entiende bastante peor que la afirmación, e incluso al revés*, por lo tanto, en la medida de lo posible, trataremos siempre de evitar las frases negativas e intentaremos sustituirlas por frases afirmativas.

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La pregunta retórica en el discurso

La pregunta retórica es uno de los recursos más utilizados en discursos cuya principal función es la de conmover, en el sentido más clásico de la palabra.

Es muy famoso el arranque de las catilinarias:

Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra?

Utilizaremos la pregunta retórica en aquellas ocasiones en las que queramos provocar un estado de ánimo concreto, teniendo en cuenta que no esperamos una respuesta real por parte del público. En este sentido, podemos realizar preguntas que pudieran ser contestadas de modo muy simple, por ejemplo un sí o un no, o bien que precisen de una respuesta algo más compleja.

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La duración del discurso: largo, corto o todo lo contrario

Uno de los asuntos más peliagudos a la hora de escribir una intervención es, precisamente, cuánto debe durar. El principal problema suele ser que la persona u organización que nos ha invitado a pronunciar un discurso no suele especificar cuánto tiempo tenemos para hablar. O sí que lo especifica, pero de la siguiente manera: pues no sé, unos diez o quince minutos, lo que consideres.

Hay casos, y se agradecen, en los que la organización te proporciona un cronograma del acto. Si no lo hace, pídelo tú. Así sabrás exactamente qué se espera de ti y cuántas personas van a hablar antes y/o después de que lo hagas tú. Y este es uno de los factores más importantes que vas a tener que considerar una vez dispongas de toda la información.

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