La pregunta retórica en el discurso

La pregunta retórica es uno de los recursos más utilizados en discursos cuya principal función es la de conmover, en el sentido más clásico de la palabra.

Es muy famoso el arranque de las catilinarias:

Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra?

Utilizaremos la pregunta retórica en aquellas ocasiones en las que queramos provocar un estado de ánimo concreto, teniendo en cuenta que no esperamos una respuesta real por parte del público. En este sentido, podemos realizar preguntas que pudieran ser contestadas de modo muy simple, por ejemplo un sí o un no, o bien que precisen de una respuesta algo más compleja.

Obviamente, cuando Cicerón preguntó “¿hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?” no pretendía ningún tipo de respuesta , sino más bien realizar una grave acusación pública.

Como siempre, el mensaje que queramos transmitir, el contexto en el que estemos, quienes seamos nosotros en ese contexto y quién sea nuestro interlocutor, determinarán qué tipo de pregunta retórica utilizar, e incluso si es preciso utilizarla.

Vamos con una situación habitual. Estamos en un partido de fútbol o similar. Vamos perdiendo y durante el descanso el entrenador realizar un breve discurso con el objetivo de infundirnos ánimos. Vamos a analizar de qué forma podríamos utilizar la pregunta retórica en este caso:

  • ¿Vamos a darnos por vencidos? Esta es la más simple, y podría ser contraproducente, sobre todo si realmente vamos muy mal, ya que podría instalar un “sí” en algunas de las personas a las que va dirigida, cuando lo que queremos es un “no, no vamos a darnos por vencidos”.  En todo caso, hay que conocer a nuestro público.
  • ¿Acaso vamos a darnos por vencidos? Sigue siendo simple, pero la introducción del adverbio “acaso” inserta un matiz de duda y refuerza el “no” como respuesta natural.
  • ¿Vamos a darnos por vencidos o vamos a salir al campo a demostrarles quiénes somos? Sigue siendo simple, ya que plantea una respuesta sencilla: o nos damos por vencidos o salimos a jugar con ganas. Plantea el mismo problema que la primera.
  •  ¿A qué estamos esperando para salir ahí fuera a demostrar quiénes somos? La respuesta en todo caso es compleja, y particularmente es la opción que yo escogería, ya que es positiva y no recuerda en ningún momento lo que es posible que suceda: ser vencido.

Como ya he dicho, hay que conocer a fondo a nuestros receptores para saber cuál de todas estas opciones será mejor utilizar.

¿Te has visto en una situación en la que la pregunta retórica te haya ayudado o por contra haya empeorado la situación? Déjanos tu comentario.

 

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