La negación: un elemento a evitar

No, no, no, no
No, no, no, no

Es sorprendentemente común en el español el uso de la negación por sistema.  Por este motivo no es de extrañar que la mayoría de los habitantes incorporen frases negativas en sus discursos, aunque sin una intención real de negar. Y esto es solo un ejemplo.

El problema con la negación es que se entiende bastante peor que la afirmación, e incluso al revés*, por lo tanto, en la medida de lo posible, trataremos siempre de evitar las frases negativas e intentaremos sustituirlas por frases afirmativas.

Un caso de libro es el que presenció ayer mismo quien escribe estas líneas. En una reunión escolar, el profesor encargado de explicar el método de enseñanza que se va a implantar este año en el colegio, dijo más o menos lo siguiente: <vamos a capacitar a los niños en habilidades como la cooperación y el trabajo en equipo, sin renunciar a los conocimientos>. Esto que Vd. lee tranquilamente en su pantalla, y que es posible que hasta lo entienda en el sentido en que se dijo, creó cierta alarma entre los asistentes, en cuya mente prevalecía el sintagma “renunciar a los conocimientos”.

El profesor siguió insistiendo en que hay que evolucionar en la educación y hablando de las nuevas teorías psicopedagógicas, pero con la intención de que quedaran claras unas cuantas cosas, entre ellas que <esto no es un experimento, ya se ha probado con éxito, vuestros hijos no son conejillos de indias ni están en un laboratorio>.  La alarma seguía creciendo (experimento, conejillos de indias…)  hasta el punto que algunos asistentes hicieron notar su molestia en voz alta, con advertencias del tipo <hay conocimientos y conocimientos>. Tras la reunión hubo algunos corrillos donde quedó patente el malestar de los padres, y seguro que muchos habrán corrido a desempolvar las enciclopedias para enseñar a sus hijos en casa lo que consideren que no se les enseña en el colegio.

¿Por qué sucedió esto? En realidad sucedió por utilizar el español común, ese que incluye la negación como elemento de refuerzo o la doble negación con matices negativos. No digo que el profesor no prepara bien su intervención (frase que muy bien podría sustituir ahora mismo por Probablemente el profesor preparó su intervención) pero escogió mal las palabras. Y en cualquier intervención pública, lo más importante son las palabras (los gestos también cuentan, ojo).

¿Cómo podía haberlo evitado? Muy sencillo. Le hubiera bastado con convertir en afirmativas las frases. <Además de adquirir conocimientos, los alumnos van a trabajar en el desarrollo de habilidades como la cooperación>, y también <esto lleva X años implantado en varios centros y los resultados han sido magníficos>.  Si lo piensan bien, esto es lo que realmente quería decir el profesor, pero dijo una cosa distinta y los padres lo entendieron también de otra forma.

Así que cuando tengamos escrito nuestro discurso, lo repasaremos a la búsqueda de frases negativas para modificarlas y evitar así la negación. Esto acercará más lo que queremos decir a lo que realmente decimos y lo que entiende nuestro público.


*Nota: para ampliar conocimientos sobre el tema, aconsejo vivamente la lectura del artículo “La negación en psicolingüística”, de Francisco Valle Arroyo, publicado en El Basilisco, número 9, enero-abril 1980, páginas 3-8, de muy fácil acceso a través de Internet.

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