¿Por dónde empiezo?

Has sido invitado a decir unas palabras en un acto concreto. Ya has reflexionado sobre quién eres tú en el contexto de dicho acto, quién te va a escuchar, cuánto va a durar tu discurso (o presentación, o conferencia, o lo que sea) y ahora, emocionado/a, abres una libreta o te sientas directamente delante del ordenador y…

Una hora después sigues igual. Quizá hayas comenzado dos o tres veces, pero nada, que no arrancas. Respira y escucha: a todo el mundo le pasa. Es lo que suele llamarse el <síndrome de la hoja en blanco> y hay muchas técnicas para superarlo.

Siempre que nos invitan -o nos obligan- a realizar una intervención, en caso de no saber de qué hablar, tenemos la opción de preguntar a la persona que nos ha invitado. “Oye, ¿y más o menos de qué queréis que hable?”. Si se trata de un entorno laboral esto sobra, porque ya nos lo habrán dicho: “tienes que presentar el nuevo proyecto a los posibles inversores”. Así que ya sabes qué decir: qué es, para qué sirve, qué beneficios tiene, etc.

En el resto de casos, las personas que nos piden que digamos unas palabras accederán gustosos a comentarnos más o menos lo que creen que deberías decir: “pues mira, ya que has levantado una empresa por la que nadie apostaba nada, podrías explicar cómo lo has hecho”.  Cuidado, con esto no te están pidiendo que realices un balance pormenorizado de resultados, sino que a través de tu historia expongas valores que sirvan de inspiración al público: tenacidad, liderazgo, humildad, etc. Hay que saber interpretar lo que nos dicen.

¿Qué puede pasarte por preguntar? En el peor de los casos que te digan: “no sé, lo que tú veas”. Así que de nuevo estás en blanco.

Llegados a este punto, aquí te dejo unos consejos que siempre vienen bien:

  • Olvídate ahora mismo de la estructura del discurso y céntrate en el contexto: ¿es una boda? Entonces ¿qué tal hacer un retrato de los novios: cómo se conocieron, qué carácter tienen, cuál es tu relación con ellos…? ¿Es una entrega de premios y tú eres el orador principal? Sé amable con los premiados y comienza dedicándoles unas palabras (para ello tendrás que informarte bien sobre su trayectoria), en caso de que los conozcas trata de recordar alguna anécdota, etc.
  • Levántate y anda. Tal cual. Aunque sea por el pasillo de tu casa. Y mientras andas, métete en situación. Piensa en cómo va a ser el acto, quién va a hablar antes o después de ti, qué se espera que digas, hazte preguntas y contéstalasCaminar es una de las mejores formas de abrir la mente. Pruébalo y sorpréndete.
  • Haz una tormenta de ideas contigo mismo o con alguna persona de absoluta confianza. Apúntalas. Desarrolla aquellas que más te gusten. Aunque ahora te parezcan pensamientos inconexos, no importa. Estamos en los primeros estadios de tu magnífico discurso y necesitas material sobre el que trabajar. Ya tendrás tiempo después de escoger las que te parezcan más adecuadas.
  • Deja que los textos que has escrito duerman. Y duerme tú también. ¿Por qué? Porque la mente humana funciona de una manera prodigiosa. Durante el sueño hace una especie de <reset> que en la práctica consigue ordenar un poco tus ideas. ¿O no has oído nunca eso de “consúltalo con la almohada”? Es más, hay estudios científicos muy serios que respaldan esta máxima de la sabiduría popular.

A menos que seas un orador consumado, que hayas hablado del tema tantas veces que te lo sepas de memoria o que vayas a contratar a alguien para que escriba por ti, no lo dejes para última hora. Por favor: sentido común.

Si tu jefe te dice que la presentación es para mañana, ponte ya. Y si vas a contratar a alguien, un profesional acostumbrado a ello puede escribir lo que quieras en menos de 24 horas. Pero vas a tener dos problemas: ¿tendrá un hueco en su agenda? y ¿te dará tiempo a ensayar?

Aunque falte un mes, comienza hoy. ¿Que llevas una hora y no te sale nada? Sin problemas. Mañana vuelve a intentarlo. En menos de tres días ya habrás reunido todos los materiales que necesitas para construir tu discurso. Y a partir de entonces, sólo tendrás que darle forma: apertura, introducción, desarrollo, conclusiones, despedida. Pero de esto, ya hablaremos más adelante.

Toma tu libreta y comienza a escribir!
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