Coloquial, técnico, culto… ¿qué lenguaje es mejor utilizar?

codigo en el discurso

¿Cuántas veces en un acto público, mientras escuchabas al orador de turno, te has dicho: esto no pega ni con cola? Muchas, ¿verdad? Y es que la falta de coherencia de cualquiera de los elementos fundamentales de un acto de comunicación produce monstruos.

A veces, como en la provocación, se busca ese efecto a propósito, pero a veces es una simple falta de reflexión previa a la elaboración de un discurso/ponencia/charla, etc. Tenemos claro que en una convención de vegetarianos, por ejemplo, va a ser mejor que NO hagamos una loa del pollo asado, por mucho que nos guste, y tampoco espera nadie que un campeón deportivo declame un discurso derrotista cuando le entregan un premio.

Así que estamos escribiendo nuestra intervención, tenemos más o menos claro el mensaje que queremos transmitir, quién es nuestro público, por qué se nos ha invitado precisamente a nosotros y en qué contexto vamos a estar. Y ahora vas y en una boda, que es un acto solemne, escuchas cómo el padrino comienza a hablar como si estuviera en un bar, y dices: esto no pega ni con cola. Con independencia de lo que esté diciendo.

¿Por qué pasa esto? Recordemos que en un acto de comunicación hay emisor, receptor, canal, código y contexto. Aunque suele presumirse que el código es el idioma en el que se habla, hay que recordar que un idioma puede hablarse de formas muy distintas. Así que un acto solemne, como una boda, va a requerir un lenguaje mucho más elaborado que una conversación en un bar. Y lo que puede ser realmente brillante en un paso del ecuador, va a aburrir hasta a los muertos en el reencuentro de la promoción universitaria 25 años después.

Hay que poner mucha atención al lenguaje que vamos a utilizar, porque dice mucho de nosotros. Puede incluso revelar partes importantes de nuestra personalidad. Y si esas partes entran en conflicto con nuestra imagen pública, también vamos a tener un problema.

En el caso del lenguaje coloquial, siempre que se considere conveniente utilizarlo, como por ejemplo en un mitin político, hay que evitar en la medida de lo posible el uso de expresiones que pueden resultar ofensivas y/o soeces.

Ejemplo real: en una ocasión, hace ya muchos años, un orador, un peso pesado del partido político de turno, usó la expresión: “la chica esa” para referirse a la alcaldesa de una ciudad. Sobra decir que “la chica esa” era de otro partido político.  ¿Qué consiguió? Pues para empezar que muchos de los que estaban allí se sintieran ofendidos, porque si bien es cierto que a la mayoría NO les gustaba la alcaldesa ni le habían votado, también es verdad que era LA ALCALDESA de la ciudad, y aquí estaba un señor que venía de fuera dispuesto a faltar al respeto a la primera de cambio. La crítica política es otra cosa, y a veces los políticos se confunden.

Fuera del contexto político, son considerables las ocasiones en que un uso incorrecto del lenguaje coloquial puede poner en apuros a un orador. Un lenguaje demasiado próximo al receptor, en el caso de que este sea una clase llena de adolescentes, resulta ridículo para ellos mismos. Y también resulta muy poco adecuado y ofensivo el lenguaje que muchos utilizan para dirigirse a personas mayores infantilizándolas en un falso intento de bondad.

Reservaremos el lenguaje técnico a ocasiones muy específicas: un seminario o una conferencia muy especializadas. Aquí, el uso de un lenguaje puramente coloquial estaría fuera de lugar, pero cuidado. Si es una charla de divulgación científica, por ejemplo, ciertos tecnicismos pueden ser necesarios, pero el lenguaje coloquial será mucho más adecuado.

Llegamos por fin al culto. Aunque podríamos haberlo englobado en el lenguaje técnico (¿quién duda de que el lenguaje técnico de una clase de historia del arte no es lenguaje culto? ¿qué es culto? ¿qué no lo es?), convengamos* en llamar culto a un tipo de lenguaje que sin ser puramente técnico sí ofrece muchos puntos en común con este, como por ejemplo el uso de términos especializados, pero al mismo tiempo comparte con el lenguaje coloquial su enfoque hacia público heterogéneos.

Sería, por poner un ejemplo usual, el discurso de fin de carrera que hace un profesor escogido por sus alumnos. Magníficos son los discursos de ingreso en la Real Academia Española (normalmente mal llamada academia de la lengua), cuya lectura recomendamos vivamente.


*Nota: Somos conscientes de que la definición usual del lenguaje culto es distinta a la mostrada aquí, no obstante nos es preciso abogar por este significado a fin de facilitar la comprensión del tema. 

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