Ensaya, ensaya, ensaya, ensaya y ensaya.

¿Asustado?
¿Asustado?

Uno no sabe realmente lo que es el miedo a hablar en público hasta que lo experimenta en sus propias carnes, y la sensación es de lo más desagradable. Sobre todo porque solo vas a poder agarrarte a dos cosas: al atril y a tu discurso. Y no siempre hay atril.

Antes de que entres en pánico y llames por teléfono simulando una enfermedad para escaquearte -cosa que sería grosera y cobarde- respira hondo. Vas a llevar un discurso excelente, adecuado a tu público y al contexto del acto, bien estructurado y, además, muy ensayado. Porque esa es la clave: ensayar.

Haz una primera lectura en voz alta con un bolígrafo en la mano. Todas las palabras que no seas capaz de pronunciar de forma correcta a la primera, las tachas y las sustituyes. Todas las frases en las que te hayas perdido, porque son demasiado largas, las acortas.  Todas las expresiones que no te acaben de convencer, las cambias. Y luego vuelve a leer, vuelve a tachar, vuelve a acortar, vuelve a cambiar. Y luego otra vez, y otra, y otra más.

Una vez tengas perfeccionado el discurso, llega el momento de tomar un cronómetro. Lee con voz pausada, a un ritmo normal. Esta vez grábate -intenta que sea solo audio- y cronometra. ¿Se ajusta al tiempo que te han dado? Perfecto. ¿Se pasa por un par de minutos? Puede que no sea tan grave, pero intenta acortarlo un poco. ¿Te faltan un par de minutos? Repasa por si hay alguna idea que te quieras desarrollar, pero tampoco te pases.

Con el discurso en la mano, revisa la grabación. Síguela palabra a palabra. ¿Crees que has entonado bien? ¿Te hace falta alguna pausa? ¿Hay palabras que riman? Pues vuelve atrás y repite el proceso cuantas veces sea necesario.

Ya estás casi preparado para dar tu discurso, pero un último consejo: pide a un amigo o a un colaborador que te escuche. Obviamente tiene que ser alguien en cuyo criterio puedas confiar. Una sola vez será suficiente. Y pídele que te diga en qué puedes mejorar. ¿Es demasiado cursi? ¿Se entiende lo que quieres decir? ¿El lenguaje es apropiado? ¿Es demasiado largo?

Si has decidido contratar a un profesional para que te escriba el discurso, sabrá cómo guiarte en tus ensayos. No te conformes con que te den un texto y te dejen solo. Exígelo.

Ahora ya estás preparado para enfrentarte al público. Por nervioso que estés, tu cuerpo y tu voz están perfectamente entrenados para ese texto en concreto, y van a responder. Así que toma aire, saluda a la audiencia, y empieza a hablar.

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