Cómo fastidiarla a base de citas

Existen muchas formas de fastidiar una intervención pública, pero hay una en especial que suele ser muy del gusto de todo tipo de oradores: las citas célebres.

Ya oímos las protestas: pero si enriquece el texto (no siempre), añade minutos (¿en serio quieres aburrir aún más?), me hace parecer más listo/a (ahhhh, ¡te hemos pillado!, Y tu auditorio también, dalo por seguro).veneno

Efectivamente, una cita célebre, bien utilizada, bien atribuida y bien contrastada puede enriquecer un texto. Incluso te puede servir como arranque de un discurso. Pero… Hay citas célebres rondando por el imaginario colectivo que su supuesto autor jamás dijo, y si entre tu público hay personas de cierto nivel intelectual, vas a quedar como un borrico. Que no es lo que quieres, claro.

¿Cómo saber si una cita célebre es falsa o no? Desde luego, si has leído las obras del autor o biografías serías sobre su vida, vas a estar completamente seguro de que es cierta. Si no, por regla general desconfía de las que circulan por las redes sociales con fotografía del supuesto autor. O haz una búsqueda sobre la frase en cuestión para salir de dudas. Eso sí, deberás fiarte únicamente de sitios “serios”.  También te recomiendo la lectura de este artículo, en dónde hablan más detalladamente de este asunto

Bien. Tenemos ya la cita célebre. La que sea. Bien contrastada y estamos al 100% seguros de que enriquece nuestro discurso (si no es así, ¡tacha ya!), y ahora vamos con la longitud. Porque no es lo mismo una “cita célebre”, que básicamente se trata de una simple frase con cierto contenido de peso y pronunciada por una personalidad destacada, que tirarte un párrafo entero leyendo un pasaje del Quijote.

A menos que estés en una convención de hispanistas y tu ponencia vaya de una revisión de la obra de Cervantes, leer un pasaje demasiado grande de esta obra o de cualquier otra NO conseguirá hacer que parezcas más listo. Al contrario. Tendrá uno o varios de los siguientes efectos:

1.- Aburrir al personal

2.- Hacerte quedar como un pedante 

3.- Poner de relieve tus complejos (oh sí, desde luego, puedes saber mucho de una persona por lo que decide decir en un discurso y cómo decide decirlo)

¿Entonces no puedo utilizar nunca una cita larga? No decimos exactamente eso. Lo que decimos es que recurrir a una cita célebre sí que es verdad que puede enriquecer tu discurso, y que es completamente cierto que en ocasiones, utilizar un párrafo algo largo o incluso un poema, según el contexto, puede resultar interesante. Pero no intentes, nunca, parecer algo que no eres. Porque te decimos desde ya que no vas a conseguirlo.

Si los que  te escuchan te conocen, saben de sobra cuáles son tus intereses y tu nivel cultural. Es normal esmerarse en realizar una buena intervención, del mismo modo que si siempre vas vestido con jeans te arregles y te pongas un buen traje para una boda -por ejemplo-, porque es una muestra de respeto.

Ahora bien, tendrás que encontrar tu estilo propio, porque las citas las carga el diablo, y dependiendo del contexto, tu discurso, ese que tanto habías preparado, puede interferir en tu marca personal y hacer que fastidies en un momento algo que te ha costado tanto conseguir. Y lo peor de todo es que nadie te lo dirá jamás a la cara.

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