No es tan fiero el león como lo pintan… ¿O sí?

gatito

Sí, exacto, ¡acertaste!. Vamos a hablar hoy del público. Pero no de cualquier público, sino de tú público. De esas personas que han ido a escuchar lo que tienes que decir y que ahora que vas a salir a escena te parecen fieras a punto de saltarte encima. Pues tenemos una buena noticia para ti: te estás equivocando.

Tu público, es decir, el receptor de tu discurso, ha ido a escucharte. Repitámoslo otra vez: esas personas han ido a escucharte. Se han tomado la molestia de dejar sus ocupaciones y quehaceres y están dispuestos -presdispuestos más bien- a escuchar lo que quieres decir. Así que eso, de entrada, ya lo has ganado.

Hay casos, obviamente, en que no va a ser así. En que lo que tienes enfrente son leones y no corderos. Mira a ver si te identificas con estas situaciones (si no lo haces, enhorabuena, tu público estará mayoritariamente compuesto por personas dispuestas a ser complaciente)

1.- Tú eres un/a político/a corrupto al que le han pillado -o eso se creen- y vas a comparecer en una rueda de prensa. (Qué valiente, oye, la mayoría se esconden, pero tú…)

2.- Eres un/a famoso/a que ha tenido un affair adúltero y también te han pillado. Y vas a dar una rueda de prensa.  (Lo pasarás mal un momento, pero ¿y toda la publicidad gratis que te van a hacer por esto?)

3.- Eres el/la presidente/a de una gran compañía que la ha fastidiado a base de bien y tienes que sentarte delante de tus accionistas a explicarles qué ha pasado. (Ejem, aquí sí que te las vas a ver con leones hambrientos).

Salvo en estos tres casos y todas sus posibles variantes, la mayor parte de las veces te vas a encontrar con que tu público quiere escucharte. Ahora depende de ti saber qué tienes que decirles para no liarla.

Ya vimos en otro post cómo se producen divergencias en la comunicación entre lo que quieres decir y lo que finalmente la gente va a entender. Pero ¿qué espera la gente que digas? Táchanos de convencionales, si quieres, pero las convenciones sociales están ahí para que podamos entendernos unos a otros.

-Toma un poco de vino- la animó la Liebre de Marzo. 

Alicia miró por toda la mesa pero allí sólo había té.

-No veo ni rastro de vino- observó.

-Claro. No lo hay- dijo la Liebre de Marzo.

-En tal caso, no es muy correcto por su parte andar ofreciéndolo – dijo Alicia enfadada.

-Tampoco es muy correcto por tu parte sentarte con nosotros sin haber sido invitada – dijo la Liebre de Marzo.  

Así pues, podemos decirte desde ya que además de lo que tú quieres decir, deberás tener en cuenta también qué es lo que tu público espera que digas, y lograr un equilibrio. Incluso si lo que pretendes es sorprender, tendrás que saber qué esperan que digas.

Pongamos un ejemplo: es el día de graduación y tus alumnos te han escogido a ti para que hagas un discurso. Ellos -y sus padres y el resto de profesores, no lo olvides- son tu público. Lo que se espera de ti -por parte de tus alumnos/as- es que les des ánimos para enfrentarse al mundo. Lo que quieren los progenitores de tus alumnos/as, es que les reafirmes en su opinión de que dejarse tanto dinero para educar a sus retoños ha sido muy buena idea.  El resto de profesores que componen el claustro están cansado de tanto actito porque ya han asistido a veinte cosas distintas esta semana, así que lo que quieren es que hagas algo decente pero no muy largo.

Pues dentro de esos límites puedes hacer y decir muchísimas cosas, incluso ser “original” en la forma de plantear tus mensajes. Ahora bien, como insultes a la institución que representas, les digas a tus alumnos/as que vayan apuntándose al paro para ver si les dan un curso de formación, o te plantees hacer una exposición “interactiva” en la que parezcas más un showman que un profesor/a de verdad, vas listo.

Y te lo decimos muy en serio. Lo peor que puedes hacer es dejar de lado todas las convenciones sociales que conlleva una intervención pública, porque entonces ese público que espera con tantas ganas lo que tienes que decir, te va a despellejar vivo y tu credibilidad va a quedar muy tocada.

En cambio, si muestras respeto hacia lo que estás haciendo, ese mismo público que no tendría compasión ninguna por ti, se convertirá en una camada de gatitos ronroneantes que te van a perdonar de forma adorable los nervios y las pintas, que te atranques con una palabra o que incluso que te dé un ataque de tos. Puede que se rían por lo bajinis o que hagan algún comentario jocoso. Incluso puede que te hagan un tuit que te toque la moral. Pero eso, en el fondo, no es tan grave ¿verdad?

¿Te ha pasado? ¡Cuéntanos tu experiencia!

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