El inquietante caso del discurso-bucle

laberintos dircursivosEsta es la situación: año tras año eres el protagonista del mismo discurso. Has entrado en bucle, es tu particular día de la marmota. Y ya has pasado por esto tantas veces que estás planteándote fingir un dolor de estómago para que sea otro quien haga el discurso.

Lo creas o no, este es un caso muy habitual. Es lo que le sucede al presidente/a de una empresa en la cena de Navidad. O al alcalde de un pueblo en la presentación de unas fiestas. O al rector/a de una universidad en la apertura y/o cierre de año académico. Y es que hay discursos que por distintos motivos están condenados a repetirse.

Curiosamente, y salvo excepciones, los protagonistas de estos discursos-bucle preferirían estar en otra parte (al menos a partir de la tercera o cuarta vez), buena parte del público no va a prestar casi atención (¿para qué, si va a ser lo mismo de lo mismo? Bueno, si metes la pata te despellejarán) y el mensaje prácticamente no varía.

Entonces, ¿qué hacemos? O mejor, ¿qué podemos hacer para salir de esta situación?

La mayoría de personas que se encuentran inmersos en estos discursos-bucle recurren a la actualidad para nutrir sus temas. Recuérdese, por ejemplo, que el gran discurso-bucle español es el que realiza el Rey el día de Nochebuena: desea buenas fiestas a todos los ciudadanos y comenta los hechos y noticias más destacadas del año.

Otro recurso habitual consiste en hacer variaciones dentro del protocolo del acto, de esta manera, aunque el fondo es el mismo, el cambio en las formas resulta agradable como novedad.

También están aquellos a quienes la ávida visualización de tutoriales sobre oratoria actual les provoca un ataque de originalitis. Ojo con esto, porque la originalitis aguda puede desembocar en crónica, y hacer que el público se siente a esperar la intervención con los ojos en blanco y cierto desasosiego interior: a ver qué tontería hace esta vez…

¡Seguro que hoy les sorprendo!
¡Seguro que hoy les sorprendo!

Lo más práctico, en cualquier caso, es aceptar que existen una serie de temas comunes en este tipo de discursos y a partir de ahí adoptar una serie de técnicas:

1.- Guarda todos tus discursos (no todo el mundo lo hace). La mente humana es recursiva y tiene a volver una y otra vez sobre los mismos temas. Si guardas tus discursos sabrás exactamente de qué has hablado en las última ocasiones y evitarás repetirte.

2.- Lleva una libreta contigo. Vamos, ya sabes que vas a hacer ese discurso, y de pronto un lunes cualquiera se te ocurre algo ingenioso. ¿Cómo pretendes recordarlo dentro de cinco meses que es cuando vas a escribir tu discurso-bucle? Además, te servirá para recopilar anécdotas y vivencias personales con las que podrás enriquecer tu intervención.

3.- Prueba distintos arranques. Aunque el discurso tenga exactamente el mismo contenido, cambiar las formas lo hará parecer más original. Prueba también distintos finales y toquetea la estructura. Te sorprenderás de los resultados.

4.- Si tienes sentido del humor, es el momento de lucirlo. Muy del gusto americano, el humor es un arma de doble filo (ya dedicaremos un día a esto), pero en principio sigue un par de reglas: no ofender ni humillar y ensayarlo antes con alguien de tu total confianza que no tenga reparos en decirte que no tienes gracia ninguna.

5.- Ánimo. ¿Sabes la cantidad de gente que está entre tu público y a la que le gustaría estar en tu atril? Pues eso.

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