Estilos para triunfar

Seguro que habéis escuchado intervenciones tan estructuradas que casi podían verse los alambres del discurso. Y otras, en cambio, tan sueltas que parecía casi mentira que estuvieran funcionando bien, pero funcionaban. Así que, ¿qué es mejor? ¿Forjar una estructura sólida sobre la que mantener nuestras palabras o dejarnos fluir?

¿Estás seguro de que utilizas las herramientas adecuadas?
¿Estás utilizando las herramientas adecuadas?

Vamos a contaros un secreto: los discursos más aparentemente naturales son los que conllevan un mayor trabajo previo. Como en todo hay excepciones. Hay personas capaces de montarte una intervención en menos de cinco minutos y con cuatro apuntes que les des. Pero en estas personas -extraordinariamente escasas- suelen juntarse dos factores determinantes: dotes naturales para la oratoria y gran experiencia hablando en público.

Una advertencia: hay quien cree que sabe hacer esto y se equivoca. Lo hemos visto mucho en políticos “de gira”. Preparan un discurso y lo van repitiendo y amoldando a las diferentes demarcaciones en las que tienen que actuar. Y como hacen dos o tres “bolos” al día, ya creen que son Obama por lo menos. Pues no, señores/as políticos, suelen aburrir hasta a los suyos. Prepárense un poquito mejor y respeten -por favor, por favor, por favor- los tiempos que les dan en los diferentes actos. O al menos pidan que sirvan cafés bien cargados en la sala, que se lo agradecerán profundamente.

Aunque ya hemos tocado algunos aspectos sobre la estructura del discurso, hoy vamos a dar pos supuesto que más o menos ya tenemos claro lo que queremos decir y más o menos lo hemos conseguido ordenar.

Directamente relacionado con quién conforma nuestro público y en qué contexto nos encontramos, deberemos determinar cuál será nuestro estilo, es decir, de qué forma vamos a decir lo que queremos decir. Es lo que en retórica clásica suele llamarse “elocutio”.

¿Utilizaremos un lenguaje llano o elevado? ¿Introduciremos palabras en argot o las evitaremos por completo? ¿Llenaremos nuestro texto de citas literarias? ¿Haremos símiles, metáforas, hipérboles, aliteraciones? ¿Por qué, con qué motivo? 

A estas alturas ya deberías ser capaz de contestar a estas sencillas preguntas, pero sé sincero contigo mismo porque esa, y no otra, es la mejor forma de llenar tu discurso de verdad. Y la verdad, es poderosa.

Y ahora pregúntate lo siguiente: ¿hay algo en concreto que quieres que tu auditorio recuerde? Pues escribe tu discurso de forma que dicha idea esté presente a lo largo de todo el discurso, desde el arranque hasta la conclusión final. Supedita las ideas y argumentos secundarios a la consecución de este objetivo. Haz de ti mismo un comercial de ventas con la mente puesta en la “venta” de tu idea.

Por contra, si lo que pretendes es que el público se lleve una sensación general o salga en un estado de ánimo determinado, es mejor queenhebres una idea tras otra, sin hacer especial incidencia en ninguna de ellas, y dedicando mucho más tiempo al lenguaje que utilizas que al mensaje que vas a dar. Esto te otorgará una cierta apariencia de“naturalidad” e incluso “espontaneidad” muy difícil de conseguir de cualquier otra forma. Y, si te lías, estamos a tu disposición para ayudarte en todo aquello que necesites. 

¿Te ha gustado? ¡Compártelo!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s