“Un discurso técnica y formalmente perfecto no vale nada si el contenido no es veraz”

Entrevista con Juan Megías, presidente del Real Casino de Murcia.

Juan Megías, presidente del Real Casino de Murcia. Foto de Juan Ballester.
Juan Megías fotografiado por Juan Ballester.

Juan Antonio Megías García, murciano de nacimiento y vocación, es el presidente del Real Casino de Murcia desde el año 2003. Gracias a sus conferencias, cursos y otras muchas actividades, el Real Casino es una institución de gran prestigio en el Levante español y su presidente, además, un destacado orador.

Letrado de la Región de Murcia y devoto de Chesterton, Megías es también profesor de Derecho Constitucional en la Universidad Católica San Antonio, publica una columna semanal en La Opinión de Murcia y cuenta con un blog en el que recoge buena parte de sus inquietudes.

Durante siete años formó parte del  Gobierno de la Región de Murcia, cinco como Consejero de Presidencia y otros dos en la cartera de Turismo y Cultura, una etapa que recuerda como “apasionante pero felizmente terminada, hay vida después de la política”.  

Desde escribirdiscursos.com hablamos con él para que nos cuente sus experiencias como orador y nos dé algunos consejillos.

Pegunta: ¿Recuerda la primera vez que tuvo que realizar una intervención pública? ¿Cómo le fue?

Respuesta: Tal vez fuera un examen oral en la Universidad, o una intervención en algún acto público en el que participaba la Tuna de Derecho, de la que fui jefe. La primera me salió muy bien, era buen estudiante e iba muy preparado. En la segunda la clave fue la desinhibición propia del momento, supongo que alentada por un par de copas.

P. ¿Se acostumbra uno a hablar en público o siempre se sienten los nervios agarrados al estómago?

R. Siempre hay nervios, incluso antes de dar mis clases. El miedo no es malo pues te hace ser más cuidadoso tanto a la hora de preparar el discurso como en el momento de exponerlo. Hay muchas técnicas para controlar los nervios y las suelo practicar antes de una intervención importante.

P. ¿Improvisación o ensayo? 

R. Ambas cosas. Hay que preparar el discurso concienzudamente, pero también hay que saber improvisar para aligerar la rigidez de una intervención muy preparada. La clave está en conocer y observar a tu público, establecer contacto visual con él, e interpretar sus reacciones para actuar adecuadamente. Me encanta improvisar pero tiene sus peligros.

Cuando existe complicidad entre el público y el orador todo es más fácil

P. ¿Qué público es más receptivo, el que está lleno de amigos y conocidos o el que no le conoce de nada pero se acerca por curiosidad? ¿Ha sufrido algún público “duro”?

R. El público amigo es más cómodo, te permite una mayor relajación. Digas lo que digas te van a aplaudir y felicitar. Pero el público habitual de un orador está formado mayoritamente por gente que no conoces. Por eso es tan importante establecer una relación con ellos, básicamente la visual, pero también se puede llegar a un cierto grado de complicidad. Cuando existe complicidad entre el público y el orador todo es más fácil.

P. De todas las conferencias, charlas y discursos que ha tenido que pronunciar a lo largo de su carrera, ¿de cuál se siente especialmente satisfecho y por qué?

R. Como soy un lector impenitente, siempre me han gustado las conferencias literarias. En cambio, los discursos políticos nunca me enamoraron, tal vez porque había que ajustarse mucho al guión de lo políticamente correcto, lo que resta libertad. La conferencia más grata siempre es la última porque aplicas en ella toda la experiencia acumulada. En mi caso ha sido una titulada “Chesterton y el mundo de hoy”.

P. ¿Y algún error de “novato”?

R. Muchos. El agua fría, que te resiente la voz, o un caramelo de menta cuyos devaneos por la boca fueron captados fielmente por el micrófono. Ahora no los cometo de ese tipo, pero sí otros como hacerme un lío con los papeles del que salgo contando una anécdota, previamente dispuesta, mientras los ordeno.

…lo que va a recordar el público es el final, las dos o tres frases en las que has de resumir el mensaje…

P.¿Qué es en su opinión lo más difícil a la hora de comenzar a escribir una intervención pública? 

R. Lo más difícil es el comienzo y el final. Ya sabes que un discurso tiene tres partes: planteamiento, nudo y desenlace. Con el planteamiento debes captar la atención del público, interesarlo, y entonces el discurso es fluido. Pero lo que va a recordar el público es el final, las dos o tres frases en las que has de resumir el mensaje que pretendías dar, y el arabesco final que debe ser original y capaz de generar en las caras de los oyentes la expresión que deseabas, siempre con una sonrisa de por medio.

P. Son casi legendarias las mesas redondas que organiza el Real Casino de Murcia. De todas las personas que han invitado a participar, ¿a quién recuerda con mayor cariño y por qué?

R. Javier Solana, el político, y Mariano Barbacid, el investigador, han tenido intervenciones memorables. Ambos son personas muy inteligentes y preparadas y, además, excelentes oradores. Mariano Barbacid hizo fácil lo que a priori era muy difícil: hablar del cáncer.

P. EXTRA: ¿Qué consejos daría a alguien que se enfrenta por primera vez con una intervención pública?

R. Que la prepare a fondo y que aprenda y practique algunas técnicas de relajación. Los nervios son un gran enemigo, pero son vencibles. Y, desde luego, que sea veraz y sincero. Un discurso técnica y formalmente perfecto no vale nada si el contenido no es veraz. Recuerda, antes se pilla a un mentiroso que a un cojo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s