La antítesis (el discurso del Rey, parte II)

Si en el anterior capítulo valorábamos algunos puntos de la argumentación, hoy queremos resaltar un párrafo en el mensaje de Nochebuena 2015 del Rey Felipe VI que nos pareció realmente hermoso:

Debemos mirar hacia adelante, porque en el mundo de hoy nadie espera a quien solo mira hacia atrás. Debemos desterrar los enfrentamientos y los rencores; y sustituir el egoísmo por la generosidad, el pesimismo por la esperanza, el desamparo por la solidaridad.

Es cierto que no ha sido ni muy recogido ni muy comentado por los medios de comunicación, más que nada porque no ha causado polémica. (Por otra parte, muchas de las reacciones a este discurso han sido desconcertantes, ya que se critican cosas que dicen que ha dicho o que dicen que no ha dicho, pero no atinan ni una. Tanto así que pareciera que muchos ya tenían preparadas sus declaraciones aún antes de que las palabras fueran pronunciadas).

Vamos a centrarnos, no obstante, en este pequeño párrafo, porque nos va a servir para ilustrar uno de los recursos retóricos más preciosos que existen y que además es relativamente sencillo de utilizar: la antítesis, también llamada contraposición.

Básicamente el recurso consiste en unir dos conceptos opuestos dentro de una misma frase a fin de destacar uno de ellos como más deseable. O incluso los dos, si únicamente se quiere ser descriptivo.

Así, el Rey contrapone mirar adelante/mirar atrás, egoísmo/generosidad, pesimismo/esperanza, desamparo/solidaridad. No dejemos de observar que si bien son en todos los casos conceptos opuestos, las palabras escogidas para expresarlos son más bien sutiles. Para entendernos: el antónimo puro de pesimismo ¿es esperanza?

Utiliza poco SM, no obstante, este recurso. Un poco más adelante dirá :

hace décadas el pueblo español decidió, de una vez por todas y para siempre, darse la mano y no la espalda.

Pero donde lo utiliza, consigue bonitos resultados. En realidad, al igual que la negación, la antítesis requiere un esfuerzo intelectual extra por parte del receptor, por lo que no se entiende muy bien. Quizá por ello no suele utilizarse más que en pequeñas dosis en discursos hablados.

En cambio, figuras como la enumeración o el polisíndeton, que otorgan mucha fuerza y bastante solemnidad sí que son fáciles de integrar, y quizá por ello han sido utilizadas prácticamente en todos y cada uno de los párrafos de este discurso.

¿Y tú? ¿Qué opinas?

 

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