“Los lugares comunes son el veneno de la oratoria contemporánea”

Entrevista con Jovi Lozano-Seser, escritor y periodista.

El escrito valenciano Jovi Lozano-Seser

Jovi Lozano-Seser (Ondara, 1979) está en plena gira de promoción de El Traductor, su última novela, galardonada con el Premi Vila de Lloseta 2015.  Inició su andadura en los años 90 y desde entonces ha recibido numerosos galardones que sólo constatan una realidad: la antaño joven promesa es hoy uno de los autores valencianos más sólidos del siglo XXI. Obras como Últimes Existències,  el poemario Les illes perpètues o la adaptación al cine de Chanel nº 5 dirigida por Aarón García Sampedro y basada en su cuento Rossa!!. así lo atestiguan.

Además, Jovi Lozano-Seser es un orador fresco e inusualmente cercano, que sabe conectar con su público y encontrar la palabra precisa para cada instante. Y eso que a veces improvisa… Vamos a ver qué consejos puede ofrecernos.

EscribirDiscursos: Ahora que te encuentras en plena promoción de tu último libro, cuéntanos, ¿cómo te preparas para las presentaciones en público?

Jovi Lozano-Seser: Parto de un guión orientativo que consta de varios puntos. Es como un esqueleto de la intervención y me ayuda, junto a una presentación visual, a explicar, a narrar. Son lineas básicas que resumen la intervención, la cual oscila entre los 20 y 40 minutos dependiendo del tipo de acto que sea. Uno tiene que ser consciente de la elasticidad del discurso, para adaptarse al público y al mismo tiempo a las circunstancias. No puede haber dos presentaciones iguales, porque no hay dos auditorios iguales. También interfiere el día, la hora y muchos más factores que pueden ser clave en el desarrollo y en el resultado.

ED: Un escritor, hoy en día, no es un ermitaño encerrado que de vez en cuando publica una novela, sino que es un personaje social que participa en actos que implican hablar en público. Además de las presentaciones, hay debates, entregas de premios, discursos… ¿cuáles son en tu opinión las diferencias más significativas entre ellas?

JLS: Sí, evidentemente hay un abanico enorme de tipos de actos y el escritor se tiene que adaptar al formato. En debates o foros, se agradecería más que nos centráramos en el tema y no en el personaje, o sea: la vanidad del narrador, del ego, se sobrepone a la temática en cuestión y el debate se empobrece y se reduce. Ahí tendríamos que hacer un ejercicio de horizontalidad que no tiene nada que ver con las propias presentaciones o discursos, incluso galas de premios; se trata de espacios en los que ya debe primar la propia voz, sus matices. El “personaje” ya puede lucir con más propiedad ya que es lo que la audiencia demanda en ese momento. Es valorable también una dosis de causticidad, sobre todo en el protocolo diplomático de actos festivos, galardones, etc., entre otras cosas, porque la acumulación de lugares comunes desgasta la percepción de los mencionados actos. Eso sí, la originalidad debe trabajarse para no deslegitimar el acto central. Ahí volvemos al debate entre vanidad y equilibrio discursivo.

El escritor Jovi Lozano-Seser

ED: De todos los eventos en los que has participado como ponente o presentador, ¿cuál te ha resultado más difícil?

JLS: Recuerdo una presentación en un instituto en la que no sentía ninguna empatía con los receptores y noté un creciente distanciamiento que se convirtió en desubicación total. La falta de atención es letal para el comunicador, pero me refiero no sólo a la del espectador, sino a la del propio emisor, que no debe olvidar el proceso de adaptación a sus oyentes. En aquel momento, se produjo una asincronía total entre ambos. Son momentos intensos de los que se aprende mucho. También me ha ocurrido justo lo contrario, que un exceso de complicidad entre los asistentes y uno mismo se convertía en algo muy distinto a lo que en un principio tenía que ser el encuentro.

ED: Sabemos que eres contrincante “difícil” en un debate, y -con independencia de tener o no una predisposición natural- eso es algo que hay que saber trabajar. ¿Qué tipo de ejercicios recomendarías a alguien que quiere iniciarse en la oratoria?

JLS: Pues, básicamente, que se escuchara a sí mismo, sin la presión de oyentes externos. Que se grabara y se visionara para establecer un análisis. Después, sí podría repetir el ejercicio con algún contrapunto interlocutor. No es recomendable basarse en los debates televisivos, o en otras voces que puedan considerarse lúcidas ya que el ejercicio de mimetizar es peligroso para lograr la autenticidad. Cada uno tiene sus puntos fuertes y es ahí donde debe llegar, más allá de modelos o ideales. Por eso es letal copiar modulaciones o maneras de expresarse ya que lo que hacemos es atrofiar nuestra voz real.

El buen discurso es una suma de buenas intenciones que llegan a buen puerto. El gran discurso es esa misma base con el añadido de nuestro encanto intrínseco: un encanto que cada emisor tiene y que puede pulirse para alcanzarse.

ED: ¿Qué distingue un buen discurso de un gran discurso?

JLS: Como decía antes, los lugares comunes son el veneno de la oratoria atractiva o, para resumir, contemporánea. En ocasiones, eso sí, tenemos que confiar en modelos establecidos porque de lo contrario nuestro discurso sería chocante, pero es necesario plantearse retos. El buen discurso es una suma de buenas intenciones que llegan a buen puerto. El gran discurso es esa misma base con el añadido de nuestro encanto intrínseco: un encanto que cada emisor tiene y que puede pulirse para alcanzarse. Un gran discurso es el speech que nadie más podría hacer por uno mismo. Muchas veces aniquilamos esa voz propia para ser más protocolarios, y creo que el acierto está en rescatar esas peculiaridades y saberlas recolocar. Hay muchas tensiones entre ambas visiones de la comunicación canónica pero creo que el reto es articular una realización combinada, donde la originalidad se sume a la tradición.

ED: Se calcula que aproximadamente el 95% de la población “sufre” miedo escénico en mayor o menor grado. No obstante, tú perteneces a ese escaso 5% restante. ¿Es un don o un peligro?

JLS: Supongo que ambas cosas. Me explico: el exceso de confianza a veces puede derivar en un exceso de complacencia hacia uno mismo y hacia tu audiencia, con lo cual existe siempre el peligro de relajarse demasiado e incurrir en el despiste o la divagación. Deduzco –sobre todo ahora, que tengo una presentación a la semana como mínimo– que uno no debe perder de vista el objetivo de su cometido, por más lúdico que le parezca el enfoque de la tarea.

 

¿Te ha gustado? ¡Compártelo!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s