¿Y si lo perfecto te usurpara el alma?

En ocasiones nos damos cuenta de que algunos oradores parecen estar incómodos en su propia piel. Aunque pueda parecer que son los nervios, el miedo escénico o vaya-usted-a-saber, en muchos casos vemos (y de forma muy clara) que existe una divergencia entre la persona y personalidad del orador y la idiosincrasia del discurso. Porque sí, un discurso tiene “vida propia” y por bueno que sea, puede ser inadecuado para según qué temperamentos, y esto es un problema. Grande además. ¿Cómo evitarlo?

La perfección puede ser enemiga de la sabiduría
A veces lo mejor es enemigo de lo bueno

Cinco apuntes básicos.

1.- En intervenciones públicas, TODOS tendemos a utilizar palabras y expresiones a las que no estamos habituados, en un claro intento de parecer más cultos, más altos, más guapos… No pasa nada por introducir una o dos citas o algunas palabras fuera de lo común, el problema viene cuando existe un divorcio demasiado grande entre nuestro lenguaje habitual y nuestro lenguaje “discursivo”. Es como utilizar el traje de otra persona: por bueno que sea provoca incomodidad.

2.- A menos que se sea un gran orador o se esté muy habituado a hablar en público, se tiende a realizar ensayos frente a un espejo. Craso error. El espejo sólo nos muestra lo que ven nuestros ojos en un momento determinado, no el conjunto en sí. Es mucho mejor la grabación en vídeo, ya que nos permitirá dos cosas: por un lado podremos modular nuestra voz (¿estás declamando o cantando?)  y por otro veremos nuestros gestos.

3.- Si el discurso te lo escriben, asegúrate de que sí se adapta a ti. Cuando un orador y un logógrafo trabajan juntos desde hace tiempo, se conocen en profundidad y ambos saben lo que va a funcionar mejor o peor. Si no se conocen, deberán llevar a cabo un proceso de adaptación mutuo desde el respeto y la humildad. No aceptes un discurso que no seas capaz de “defender”, por mucho que traten de convencerte de que es el ideal para ti. Haz caso de tu instinto en estas cosas, y si tienes la más mínima duda, exige todas las modificaciones que estimes oportunas. Pero escucha al logógrafo también, es un profesional habituado a hacer estas cosas.

4.- La tendencia actual de la oratoria se basa en la imagen por encima de la palabra, y hace mucho hincapié en el lenguaje no verbal.  ¿Y si tu fuerte es la palabra y no la imagen? ¿De verdad crees que yendo en contra de tu propia naturaleza vas a hacerlo mejor?

5.- Jamás mientas. A menos que seas un actor consumado, la mentira añadirá ansiedad y estrés a tu estado de ánimo, y eso el público lo notará. Por otra parte, no es ético y te pasará factura.

Y el mejor consejo que te podemos dar: sé tú mismo.

Un discurso “perfecto” es un traje a medida. Y los trajes a medida sientan tan extraordinariamente bien precisamente porque NO son perfectos. Tienen una manga ligeramente más larga que otra, una hombrera un poquito más acolchada…

El discurso perfecto, en definitiva, no existe. Es el que mejor se adapta a ti en un momento concreto y en unas circunstancias muy concretas. Tiene en cuenta tu dicción -que puede ir mejorando con el tiempo-, tu nivel cultural -sobre el que puedes actuar-, tu lenguaje no verbal -que puedes controlar sólo hasta cierto punto-, tu público, tu entorno, todo.

Ánimo, puedes hacerlo. Y si necesitas ayuda, estamos a tu plena disposición.

 

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