Oratoria para hombres, oratoria para mujeres.

¿Existen diferencias de género en la oratoria? Sí. La educación, la cultura, el entorno social y las tradiciones determinan una serie de condicionantes a los que bien podemos llamar “convenciones” y estas convenciones, nos guste o no, son distintas para hombres y para mujeres.

Podemos comenzar ahora en perdernos por la senda de la igualdad, pero no es el objetivo de este blog. Aquí lo que ofrecemos son las claves que hacen más efectivo un acto de comunicación muy concreto que es el discurso, y como todo en la vida, podemos lamentarnos porque las cosas son como son o aprovecharnos de ello. Y esto último es lo que vamos a hacer.

Mujer y hombre

Vamos a generalizar. Por supuesto que hay casos y casos, y que hay veces que esto no se ajusta a personas concretas, pero por lo general ya la forma de hablar de hombres y mujeres es distinta. ¿No nos crees?

Ejemplo: si una mujer dice: “todavía no me has entregado el informe que te pedí la semana pasada”, otra mujer suele entender “¡quiero ese informe sobre mi mesa ya!”. Para un hombre, en cambio, en la mayoría de ocasiones esta frase es apenas una simple observación.

Otro  ejemplo: si un hombre dice “¡quiero ese informe sobre mi mesa ya!”, otro hombre va a entender dicha frase de forma  literal, sin más, mientras que para una mujer -normalmente- esa frase tan directa lleva un matiz acusatorio.

¿Qué sucede cuando trasladamos esto a un discurso? En raras ocasiones -aunque las hay- el público va a estar  formado completamente por hombres o completamente por mujeres. Eso significa que nos vamos a dirigir a un público genéricamente heterogéneo, lo que nos va a obligar a realizar un esfuerzo para adaptar no tanto el lenguaje sino la forma de hablar tanto si el orador es un hombre como si es una mujer. (Vale, este esfuerzo es de nota, lo reconocemos).

En líneas muy generales, porque cada persona es un mundo, y refiriéndonos únicamente al lenguaje a emplear, estos son los principales puntos a pulir:

Orador mujer.

1.- Aumenta tu asertividad. Revisa el discurso una vez escrito a la búsqueda de expresiones como “creo que”; “en mi opinión”; “es posible que” y bórralas sin piedad. Tú no crees, opinas, piensas o intentas. Tú haces y tú sabes. Aún cuando seas la mayor experta a nivel mundial en un tema, y aún cuando hayas ganado un premio Nobel por ello, ese tipo de expresiones te harán parecer dubitativa y falta de confianza.

2.- Sé concisa. Mira la longitud de las frases. Cualquier oración que te ocupe más de tres líneas y que no pueda ser fraccionada fácilmente hay que reescribirla. Ojo, no es el caso de las yuxtaposiciones. Nos referimos al abuso de frases subordinadas y redundancias, muy habituales en el discurso de mujeres, y que tienen fácil solución. Opta siempre por oraciones cortas, concisas y concretas para garantizarte así la atención y el interés de tu público.

3.- Trabaja la voz. En la medida de lo posible (esto es para matrícula, ¿eh?), sobre todo si tienes un tono de voz muy agudo, realiza ejercicios de entonación para mejorarlo. Aquí te dejamos un link interesante al respecto. Por cierto ¿te estás preguntando por qué te venimos con la tontería de la voz? Pues mira este artículo.  

Orador hombre. 

1.- Sé igualitario. Puede que estés convencido de que utilizas un lenguaje no sexista, pero… El caso es que muchos hombres, sin darse cuenta, utilizan referencias netamente masculinas: símiles de fútbol, caza, toreo… Tú, no. Cierto que en cuestión de aficiones cada persona es un mundo, y que hay hombres tan poco interesados en estos asuntos como mujeres apasionadas por los mismos. El problema es que este tipo de comentarios suelen llevar una carga de desigualdad genérica grande y hacen girar el discurso en torno a personajes masculinos, lo que en el mejor de los casos te acarreará la indiferencia de las mujeres de la sala. A menos que tu “target” sea evidentemente masculino, te dirijas a hinchas de un club de fútbol o a la Asociación Nacional del Rifle de USA -e incluso así- trata de utilizar otro tipo de expresiones y recuerda, siempre, recuerda que las mujeres son posibles clientas, votantes, etc.

 2.- Suaviza (un poco). En bastantes ocasiones los oradores hombres confunden asertividad con agresividad. No creemos necesaria explicar la diferencia, pero sí un consejo para que puedas poner remedio cuanto antes: pregunta a una amiga/compañera/familiar, alguien de confianza, si estás siendo agresivo. Si te dice que sí, ya sabes.

3.- ¿Yo, me, mi, conmigo? Este es un defecto frecuente en el orador hombre. Elimina dos “yo” de cada tres que tengas escrito y por mucho que seas lo más importante del acto en el que participas, deja espacio en tu intervención para alabar algún mérito ajeno o hacerle un poco la pelota a tu público. Te lo agradecerán y encima parecerás una persona cercana, en vez de un soberbio prepotente y egocéntrico. Y otra cosa, bastante más masculina que femenina -por cierto-, una vez te has dejado caer en la espiral del yo-yo-yo-yo, y dado que la gente por lo general es educada y te reirá las gracietas, sentirás la tentación de prolongar el discurso. No lo hagas. Por favor, no lo hagas.

 

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