No es tan fiero el león como lo pintan… ¿O sí?

gatito

Sí, exacto, ¡acertaste!. Vamos a hablar hoy del público. Pero no de cualquier público, sino de tú público. De esas personas que han ido a escuchar lo que tienes que decir y que ahora que vas a salir a escena te parecen fieras a punto de saltarte encima. Pues tenemos una buena noticia para ti: te estás equivocando.Leer más »

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Cómo fastidiarla a base de citas

Existen muchas formas de fastidiar una intervención pública, pero hay una en especial que suele ser muy del gusto de todo tipo de oradores: las citas célebres.

Ya oímos las protestas: pero si enriquece el texto (no siempre), añade minutos (¿en serio quieres aburrir aún más?), me hace parecer más listo/a (ahhhh, ¡te hemos pillado!, Y tu auditorio también, dalo por seguro).venenoLeer más »

Coloquial, técnico, culto… ¿qué lenguaje es mejor utilizar?

codigo en el discurso

¿Cuántas veces en un acto público, mientras escuchabas al orador de turno, te has dicho: esto no pega ni con cola? Muchas, ¿verdad? Y es que la falta de coherencia de cualquiera de los elementos fundamentales de un acto de comunicación produce monstruos.

A veces, como en la provocación, se busca ese efecto a propósito, pero a veces es una simple falta de reflexión previa a la elaboración de un discurso/ponencia/charla, etc. Tenemos claro que en una convención de vegetarianos, por ejemplo, va a ser mejor que NO hagamos una loa del pollo asado, por mucho que nos guste, y tampoco espera nadie que un campeón deportivo declame un discurso derrotista cuando le entregan un premio.

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La negación: un elemento a evitar

No, no, no, no
No, no, no, no

Es sorprendentemente común en el español el uso de la negación por sistema.  Por este motivo no es de extrañar que la mayoría de los habitantes incorporen frases negativas en sus discursos, aunque sin una intención real de negar. Y esto es solo un ejemplo.

El problema con la negación es que se entiende bastante peor que la afirmación, e incluso al revés*, por lo tanto, en la medida de lo posible, trataremos siempre de evitar las frases negativas e intentaremos sustituirlas por frases afirmativas.

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La duración del discurso: largo, corto o todo lo contrario

Uno de los asuntos más peliagudos a la hora de escribir una intervención es, precisamente, cuánto debe durar. El principal problema suele ser que la persona u organización que nos ha invitado a pronunciar un discurso no suele especificar cuánto tiempo tenemos para hablar. O sí que lo especifica, pero de la siguiente manera: pues no sé, unos diez o quince minutos, lo que consideres.

Hay casos, y se agradecen, en los que la organización te proporciona un cronograma del acto. Si no lo hace, pídelo tú. Así sabrás exactamente qué se espera de ti y cuántas personas van a hablar antes y/o después de que lo hagas tú. Y este es uno de los factores más importantes que vas a tener que considerar una vez dispongas de toda la información.

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