Las 10 preguntas que deberías hacerte antes de escribir tu discurso

Muchas veces el problema de todo esto es que no sabemos por dónde empezar. Otras, lo que sucede, es que comenzamos sin realizar una reflexión previa. Básicamente, en ambos casos, lo que ocurre es que no tenemos un protocolo determinado a la hora de escribir un discurso que tiene que ser leído ante un auditorio.

Sí, la teoría la sabemos: las partes del discurso, frases que “enganchen”, la duración… Pero ¿qué tipo de guía seguir? ¿Cómo ejecutar los primeros pasos de una forma fiable y sólida para tener una buena base desde la que comenzar a trabajar?

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¿Y si lo perfecto te usurpara el alma?

En ocasiones nos damos cuenta de que algunos oradores parecen estar incómodos en su propia piel. Aunque pueda parecer que son los nervios, el miedo escénico o vaya-usted-a-saber, en muchos casos vemos (y de forma muy clara) que existe una divergencia entre la persona y personalidad del orador y la idiosincrasia del discurso. Porque sí, un discurso tiene “vida propia” y por bueno que sea, puede ser inadecuado para según qué temperamentos, y esto es un problema. Grande además. ¿Cómo evitarlo?

La perfección puede ser enemiga de la sabiduría
A veces lo mejor es enemigo de lo bueno

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Convencer: moral, pasión y razón.

#oratoria #discursos
¿Somos piedra? Entonces, ¿qué nos convence?

El objetivo primordial de tu discurso es convencer. Y si no lo es, entonces o no es un discurso o no tienes las cosas muy claras.

Piénsalo bien. Cuando expones una idea en público, pretendes que las personas que te están escuchando coincidan contigo. Y esto vale para todo tipo de discursos e intervenciones: el emprendedor que quiere captar a un inversor; el presidente de una Junta de Accionistas; el candidato a un puesto político; el abogado defensor; el fiscal; el amigo que hace una laudatio en la boda, etc.Leer más »

Coloquial, técnico, culto… ¿qué lenguaje es mejor utilizar?

codigo en el discurso

¿Cuántas veces en un acto público, mientras escuchabas al orador de turno, te has dicho: esto no pega ni con cola? Muchas, ¿verdad? Y es que la falta de coherencia de cualquiera de los elementos fundamentales de un acto de comunicación produce monstruos.

A veces, como en la provocación, se busca ese efecto a propósito, pero a veces es una simple falta de reflexión previa a la elaboración de un discurso/ponencia/charla, etc. Tenemos claro que en una convención de vegetarianos, por ejemplo, va a ser mejor que NO hagamos una loa del pollo asado, por mucho que nos guste, y tampoco espera nadie que un campeón deportivo declame un discurso derrotista cuando le entregan un premio.

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¿Quién eres?

No, no vamos a hablar de filosofía. Al menos no ahora.

A la hora de escribir un discurso tienes que tener muy en cuenta quién eres. Pero no quién eres tú, la persona (que también), sino quién eres tú en el contexto del acto en que vas a participar, que por eso es por lo que escribes el discurso.

Demos un pequeño repaso a la Teoría de la Comunicación. Lo más básico: en todo acto de comunicación, y un discurso lo es, existe como mínimo un emisor, un receptor, un mensaje, un código, un canal y un contexto.

Tú eres el emisor. Eso lo tenemos claro. Pero ¿quién eres para tu receptor? Porque puedes ser muchas cosas al mismo tiempo, pero tendrás que elegir una.

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