Oratoria para hombres, oratoria para mujeres.

¿Existen diferencias de género en la oratoria? Sí. La educación, la cultura, el entorno social y las tradiciones determinan una serie de condicionantes a los que bien podemos llamar “convenciones” y estas convenciones, nos guste o no, son distintas para hombres y para mujeres.

Podemos comenzar ahora en perdernos por la senda de la igualdad, pero no es el objetivo de este blog. Aquí lo que ofrecemos son las claves que hacen más efectivo un acto de comunicación muy concreto que es el discurso, y como todo en la vida, podemos lamentarnos porque las cosas son como son o aprovecharnos de ello. Y esto último es lo que vamos a hacer.

Mujer y hombre

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Y ya para terminar…¡hablaré otra media hora!

Sólo de pensarlo se nos erizan los cabellos. Poneos en situación. Estáis en una conferencia, una jornada, una presentación, lo que sea, y de pronto el orador (ponente, jefe, presentador, etc) dice: y ya para terminar… Una media hora después sigue hablando y seguro que ha repetido como tres veces lo de “y ya para terminar”.

Los bostezos son el premio de los pelmas
              ¿Quieres que tu público bostece?

Da igual las veces que lo digamos, la de personas con las que hayamos hablado y la cara de absoluta aburrimiento que tratéis de poner a un ponente. Nadie se da por aludido. Es más, estamos a dos conferencias de iniciar una campaña en change.org para pedir a los oradores del mundo que dejen de decir “y ya para terminar”. Si aún no lo hemos hecho, es porque nos da un poco de vergüencita que nuestra petición aparezca junto a otras que a nos parecen mucho más importantes. Al fin y al cabo, de lo único que estamos protestando aquí es de que ¡nos aburrimos!

Pero vamos a intentarlo de nuevo.Leer más »

La negación: un elemento a evitar

No, no, no, no
No, no, no, no

Es sorprendentemente común en el español el uso de la negación por sistema.  Por este motivo no es de extrañar que la mayoría de los habitantes incorporen frases negativas en sus discursos, aunque sin una intención real de negar. Y esto es solo un ejemplo.

El problema con la negación es que se entiende bastante peor que la afirmación, e incluso al revés*, por lo tanto, en la medida de lo posible, trataremos siempre de evitar las frases negativas e intentaremos sustituirlas por frases afirmativas.

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La duración del discurso: largo, corto o todo lo contrario

Uno de los asuntos más peliagudos a la hora de escribir una intervención es, precisamente, cuánto debe durar. El principal problema suele ser que la persona u organización que nos ha invitado a pronunciar un discurso no suele especificar cuánto tiempo tenemos para hablar. O sí que lo especifica, pero de la siguiente manera: pues no sé, unos diez o quince minutos, lo que consideres.

Hay casos, y se agradecen, en los que la organización te proporciona un cronograma del acto. Si no lo hace, pídelo tú. Así sabrás exactamente qué se espera de ti y cuántas personas van a hablar antes y/o después de que lo hagas tú. Y este es uno de los factores más importantes que vas a tener que considerar una vez dispongas de toda la información.

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